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La historia de las gafas de sol es bastante peculiar. Como todas las historias, ésta guarda aspectos muy curiosos. El primer capítulo de la historia de las gafas de sol podría ser escrito hace 12.000 años por los pueblos esquimales o inuits y, en general, todas aquellas culturas que tuvieron que convivir con el hielo y la nieve, ya que los molestos reflejos que generan, por la exposición a la radiación UV día tras día, puede ocasionar ceguera. Aquellas culturas tuvieron el ingenio de fabricar, con conchas o madera, estos artilugios que reducían la entrada de luz a los ojos, evitando así la ceguera que puede llegar a producir la luz del sol al reflejarse en la nieve. 

Se postula que la aparición de las primeras lentes de sol fue a mediados del siglo XIII cuando James Ayscough empezó a experimentar con cristales tintados para encontrar remedios eficaces a problemas de visión.

Aún así la presencia de las gafas de sol ha sido constante a lo largo de la historia. Se dice que en China, en el siglo XV, los jueces ahumaban los cristales de sus lentes para poder ocultar la expresión de sus ojos y que, en 1623, un notario de la Inquisición española les dio el nombre de “conservativos” a las gafas protectoras del sol. Fue a partir del siglo XVII cuando las lentes comienzan a ser consideradas como símbolo de intelectualidad y sabiduría: surgieron monturas con varillas, se le añadió el puente para apoyarlos en la nariz y se diversificaron los materiales de su elaboración.

Es en 1920 cuando se produce la aparición de las primeras lentes de plástico y cuando se introduce el uso de las gafas de sol. En este año es cuando por primera vez se oferta en el mercado una amplia gama de lentes coloreadas. Sin embargo, no fue hasta 1929 cuando se comenzó a fabricar este tipo de gafas en serie y a comercializar, y lo hizo Sam Foster (FosterGrant), quien encontró un mercado para este complemento en las playas de la Costa Este de EEUU.

Los pilotos se quejaban del sol deslumbrante

Hacia 1930 el teniente John MacCready, de la Fuerza Aérea estadounidense, se quejaba de que los rayos solares le habían molestado mucho durante su trayecto en globo a través del Océano Atlántico. No era el único que estaba sufriendo las los rigores de la luz solar. Los pilotos de aviación también se quejaban de que el sol les provocaba dolores de cabeza y náuseas y les deslumbraba cuando estaban haciendo maniobras delicadas.

Así pues, en 1933 el ejército de la Fuerza Aérea de los EEUU encargó a la empresa Bausch & Lomb, especializada en tecnología óptica, que creara unas gafas con lentes polarizadas para proteger a sus pilotos de la luminosidad en las altitudes. Así, nacieron las gafas antibrillo, llamadas Ray-Ban, del inglés “ray banner”, que quiere decir, «barrera contra los rayos». En 1937 se autorizó su venta al público. Y de ahí nacieron las Ray-Ban Aviator, que se convirtieron en un más del uniforme de la aviación estadounidense y con la que fueron a combatir a la Segunda Guerra Mundial. Entre sus ilustres portadores destaca el general Douglas MacArthur, quien se hizo representativo mediante tres de sus objetos más inseparables: su gorra de general, su pipa de corazón de maíz hecha por encargo, y sus Aviator. Ese mismo año, Edwin Land, cofundador de Polaroid Corporation, inventó las lentes polarizadas. Y en 1938 las gafas de sol se popularizan gracias a los artistas del cine mudo.

En los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial se pusieron de moda para los hombres, bajo la influencia de la estética de militares y aviadores de Norteamérica, las gafas con lentes de espejo con finas armaduras metálicas, adquiriendo connotaciones de marcada virilidad, estilo que se mantuvo en vigencia y fue adoptado por algunos intérpretes del rock de finales de los años 50.

La moda estalló en los años 60, cuando las gafas de sol se convirtieron en un accesorio chic y popular. En 1970 se inventaron las lentes progresivas y en la década de los 90 se inventaron las primeras lentes de plástico (ahora llamadas orgánicas) fotocromáticas. Casi medio siglo después, en los albores del siglo XXI, algunas gafas de sol han incorporado lectores de formatos digitales de audio y soporte inalámbrico para hablar por teléfono a través de tecnología Bluetooth. Está claro que a las gafas de sol aún les queda mucha historia por delante.